Carta abierta sobre el Proyecto de Ley de Bosques

Escrito por rodrigo   // mayo 13, 2010   // 0 Comentarios

Córdoba al borde del abismo: aplicando la tasa media de desmonte 1998-2002 cada mes de demora en la aprobación de la Ley de Bosques podría significar la pérdida de 2.000 hectáreas, es decir, el equivalente –en superficie- a unas 1.000 canchas de fútbol por mes.

En este artículo transcribimos la carta completa:
Esta carta tiene por objeto felicitar a todos los legisladores que dentro y fuera de la Comisión de Ecología apoyaron la propuesta de la COTBN (Comisión de Ordenamiento Territorial del Bosque Nativo), y que contribuyeron a mejorar el anteproyecto original. Asimismo, informarles sobre decisiones importantes que FUNAM y otras organizaciones hemos tomado ante la trascendencia de lo que ocurrirá en las próximas semanas.
El proyecto que elaboramos desde la COTBN no es una iniciativa hecha para solamente conservar árboles y otros seres vivos, sino garantizar también la supervivencia de quienes vivimos en esta provincia, armonizando la producción con la conservación. No es un proyecto para transformar toda la provincia en un parque protegido sino la última oportunidad para conservar lo poco que nos queda (menos del 5% del bosque cerrado original que tenía la provincia) y permitir que sigan funcionando las fábricas de agua (las cuencas hídricas) y las fábricas de suelo. Porque sin bosques nativos colapsa la disponibilidad de agua y la formación de suelo. Finalmente, no es un proyecto contra el agro, sino el mejor seguro para que siga existiendo producción agropecuaria.
Sin bosques nativos, sin la recuperación de los ambientes boscosos hoy degradados –fachinales- y sin una ley que permita ambos procesos no habrá agua para la agricultura y la ganadería, se desplomará la endeble estabilidad ambiental que hoy tenemos y nos aproximaremos al borde del abismo.
Porque esta es la verdad cruda e inapelable. Una provincia que ya destruyó la mayor parte de sus ambientes nativos está indefensa ante los cambios usuales del ambiente, y frente al amenazante cambio climático global. Una provincia ambientalmente en rojo, como Córdoba, tiene hoy la menor resistencia ambiental de toda su historia. Una sequía fuerte y que hace unas décadas se superaba fácilmente hoy desestabiliza regiones enteras, mata ganado y hace quebrar establecimientos agropecuarios. Lluvias intensas que antes eran amortiguadas por la vegetación y cuencas hídricas en buen funcionamiento hoy no tienen frenos naturales. Provocan entonces inundaciones destructivas, aludes y muerte. Porque de esto se trata. No es solo una cuestión de conservación de naturaleza y cantos de aves, sino también de seguros de vida. Sin bosques estamos en peligro. Basta recordar lo que ocurrió dos veces en Tartagal, Salta. O lo sucedido en Río de Janeiro, Brasil, con los deslizamientos de suelo, causantes de cientos de muertes. Son apenas muestras diminutas del costo que tiene la destrucción de ambientes nativos. Más cerca, en Córdoba, pareciera que olvidamos la tragedia de San Carlos Minas, donde la violencia del río Noguinet mató a 30 personas. No era solamente un río en busca de su cauce natural, desviado por obras mal planificadas. Fue también el resultado de una coincidencia trágica en su cuenca alta, donde se unieron lluvias intensas, menor cobertura vegetal nativa y reducida capacidad de infiltración.
Una provincia no puede vivir establemente si no tiene superficies importantes de ambiente nativo en buen funcionamiento. Transformar toda la provincia en un campo de soja y ambientes destruidos es un seguro de muerte. Canales trayendo agua del Paraná no alcanzan, ni su agua puede llegar a todos. No hay obras que revivan una cuenca hídrica destruida por el fuego, la desidia y los desmontes. La falta de agua en Sierras Chicas fue una alerta roja que sigue prendida, pero cuyas causas y consecuencias parecen no asumirse con responsabilidad. La inexistencia de una ley de bosques nativos y los pésimos controles de la Secretaría de Ambiente de la provincia de Córdoba son la antesala de días, meses y años aciagos. Un cultivo de soja sin una contraparte de ambiente natural es un pasaporte a los desiertos. Para que se produzca un kilogramo de porotos de soja la planta descarga al aire, desde sus hojas, unos 1.500 litros de agua que antes estaban en el suelo. Si la vegetación nativa que atrapa y mantiene el agua es destruida, y se reemplaza con cultivos que la liberan, la producción a largo plazo queda condenada. Solamente la coexistencia de ambientes nativos y producción garantiza supervivencia, mayor resistencia ecológica y estabilidad.
Lucho por cuestiones ambientales desde hace muchísimos años, y conozco la provincia de Córdoba. La he visto cambiar, degradarse, empequeñecerse. Porque la superficie total se mantiene, pero su biodiversidad y capacidad para mantenernos a largo plazo disminuyó dramáticamente. Cada desmonte clandestino, cada nueva remesa de carbón vegetal hecha con quebracho, cada expulsión de un campesino de su tierra ancestral para que allí crezcan monocultivos industriales, cada nueva superficie dedicada a la pulverización descontrolada con plaguicidas de todo tipo nos acercan a la tragedia. Lo que no matan las topadoras, sus mortíferas cadenas y el fuego lo exterminan los insecticidas y los herbicidas. No utilizo la palabra “tragedia” con irresponsabilidad, al contrario, es la más leve frente a los escenarios que técnicamente hemos estimado para el futuro si todo sigue sin cambios, sin controles y sin leyes.
Al ser desmontados los bosques para que en su lugar se usen paquetes tecnológicos letales también muere la fábrica de suelos. Según datos de D. Pimentel, en condiciones agrícolas tropicales y templadas es necesario un promedio de 500 años, con extremos de 220 y 1.100 años para regenerar apenas 25 milímetros de suelo (5). Destruidos el bosque y la fábrica natural de suelos, empiezan a actuar los plaguicidas con sus altas y bajas dosis. En zonas pulverizadas el renacimiento de los bosques es imposible. Además, cientos de miles de personas que tienen la desgracia de vivir cerca de cultivos son pulverizados con glifosato, 2,4 D, endosulfán, clorpirifós y muchos otros venenos, los mismos que “rompen” su sistema hormonal y afectan su sistema inmune.
Paradójicamente Argentina, pionera en la creación de parques, se encuentra entre los países que poseen menor porcentaje de superficie dedicada a áreas naturales protegidas, no solo en relación con países industrializados sino también del Tercer Mundo. El pobre 4,5% de nuestro país (1990) contrastaba con el 37,0% de Venezuela, el 27,5% de Costa rica y el 9,5% de Cuba. Según Di Pace el Gran Chaco figura entre las regiones más desprotegidas de Argentina, con menos de un 1% de su superficie original dedicada a parques y reservas (4).
La realidad ya no deja márgenes ni tiempos, basta sobrevolar sobre Córdoba desde Google Earth, en Internet. Allí se va dibujando esa tragedia con cada nueva superficie desprovista de vegetación nativa, y con cada curso de agua que ya no tiene vegetación costera. Nos hemos olvidado que vivimos en una provincia semiárida donde el agua no sobra, y donde las fábricas naturales de vertientes y ríos –las serranías- están cada vez más pavimentadas, desnudas y urbanizadas. Las heridas geológicas que está dejando la ruta del Cuadrado en las sierras cercanas a La Falda son una muestra visual de la impericia y la ignorancia.
Las sierras están en el mismo lugar desde hace millones de años. Pero unas cuantas décadas de quemazones y asesinatos en masa de su vegetación nativa las han transformado en antesala de desiertos rocosos. Desprovistas de sus capas vivas de protección, el sol y la lluvia las golpean, día tras día. En Córdoba estamos fabricando montañas desérticas y silenciosas, donde el suelo erosionado por las lluvias y el viento deja al desnudo las rocas, incapaces por sí solas de captar el agua y retenerla.
Para el período 1998-2002 Córdoba era la provincia de Argentina que tuvo la más alta tasa de destrucción de bosques nativos: -2,93%, superior incluso a las tasas de la provincia de Santiago del Estero (-1,18% anual para 1998-2002), de Salta (-0,69% anual para 1998-2002), de Tucumán (-0,68 para 1998-2002), de Chaco (-0,57% anual para 1998-2002) y de Jujuy (-0,16% anual para 1998-2002). Esta tasa cordobesa de desmonte superó la tasa mundial, que fue de -0,23% anual para el período 1990-2000, y la de África, de -0,78% anual para 1999-2000. Entre 1998 y 2002 se desmontaron en Córdoba 122.798 hectáreas de bosque nativo, equivalentes –en superficie- a 2.000 canchas de fútbol por mes, o 67 canchas de fútbol por día (1).
Pero los bosques no son solamente árboles nativos, sino también biodiversidad de todo tipo representada por especies microscópicos, especies de tamaño diminuto, especies pequeñas, especies grandes. Conservar un bosque no es proteger un conjunto de árboles sino una comunidad organizada de miles de especies vivas. Lamentablemente la codicia tala árboles y también tala el resto de las formas vivas que viven en el bosque. Hace casi 25 años una revisión realizada por Inés Noher de Halac estimó que en la provincia de Córdoba se encontraban presionadas o amenazadas 4 especies de Reptiles, 25 especies de Aves y 27 especies de Mamíferos (2). Formas como la boa de las vizcacheras (Boa constrictor constrictor occidentalis), el cóndor (Vultur gryphus), el gato de las salinas (Felis geoffroyi salinarum), el gato montés (Felis geoffroyi geoffroyi), el gato pajero (Felis colocolo), el gato moro (Felis yaguaroundi eyra), el conejo de los palos (Pediolagus salinicola) y el pecarí de collar (Tayassu tajacu), por ejemplo, tienen estados poblacionales críticos y pueden ser considerados, de no mediar cambios en su protección, como virtualmente extinguidos en menos de medio siglo. Córdoba sigue despilfarrando a una velocidad demencial su biodiversidad nativa (3). Hasta un emblema serrano como la peperina ya desapareció de muchos ambientes, y se vuelve cada vez más rara. Es desolador asumir que muchas especies de la fauna y flora nativas solo sobrevivirán en dibujos, fotos y museos. Cuando desaparezca la última planta de peperina ni siquiera podremos explicar cómo era su aroma.
A la luz de estas realidades particularmente trágicas, una hectárea desmontada en 2010 tiene un impacto dramáticamente mayor que una hectárea desmontada, por ejemplo, en 1914. Cada hectárea arrasada con topadoras mata gente que todavía no ha nacido.
Pero esos bosques nativos que desaparecen no son solamente biodiversidad, sino también cultura humana profunda. En ellos viven campesinos que durante generaciones han sabido leer el monte, utilizarlo y protegerlo. Del mismo modo que se talan bosques, la codicia también tala historias de vida. Para expulsar a los campesinos no se usan hachas sino malos jueces y mala policía. Luego vienen los papeles mal habidos, las topadoras y las plantaciones de soja.
¿Saben ustedes lo que es el cierre de melga? Al desmontarse un campo las topadoras dejan un manchón central donde se concentra la fauna, espantada por el ruido atroz de las máquinas y los árboles al caer. Previamente se contacta a cazadores que vienen con sus armas, y que pagan importantes sumas de dinero para practicar un ritual sangriento. Se colocan en uno de los lados del bosque, donde la vida bulle desesperada, y la fusilan. Los chillidos agonizantes de las aves y los cuerpos mutilados de corzuelas y chanchos del monte no los detiene. Todo lo contrario. Su masacre sigue prolija y letal. Entre risas cobardes y palmoteos descargan sus últimas municiones, sus botas se tiñen de sangre y la provincia pierde un irrecuperable pedazo de futuro. Muchos cierres de melga, ilegales y bárbaros diezmaron nuestra fauna nativa. Primero las topadoras derraman sangre verde y luego los cazadores derraman savia roja. Esto también es Córdoba, y contra estos desmontes y aberraciones actúa la ley (3).
Lo inaceptable es que la mayoría de las obras públicas y los cambios de uso del suelo actúan como elefantes enfurecidos dentro de un bazar con miles de piezas de cristal. Solo que en Córdoba esos bazares son bosques nativos cada vez más escasos. No hay casi planificación, los estudios de impacto ambiental se hacen a medida de quienes los contratan, no hay audiencias públicas. Las leyes disponibles son insuficientes y el proyecto de ley se demora. El resultado es una mezcla de de codicia, destrucción, hechos consumados e ignorancia. En lugar de vivir con la naturaleza le declaramos la guerra, y cuando surge una ley para salvar lo poco que queda surgen los interesados de siempre, los mismos que desmontaron, violaron leyes y se enriquecieron con la muerte ajena.
Cuando desparecen bosques bajo las topadoras y el fuego, y los campesinos quedan sin tierra todos perdimos algo de nuestra propia vida.
Hasta en una ciudad como Córdoba los árboles desaparecen cada vez que se remodela una plaza y un paseo, o se instala una estatua rodeada de lúgubres mármoles negros. Al desmonte de bosque nativo lo complementa, coherentemente, el desmonte de árboles urbanos.
Dentro y fuera de las ciudades tenemos cada vez más desiertos. Desiertos de cemento, desiertos con soja, desiertos de roca y arena. Se invierte dinero, se destruye a mansalva y se obtienen ganancias fabulosas. Destruir la vida es rentable a corto plazo pero extermina la posibilidad de futuro. Los beneficios económicos son para los poderosos de ahora, y las montañas desérticas y de rocas quedan para las futuras generaciones, imposibilitadas de defender su derecho a tener una provincia en buen funcionamiento porque todavía no nacieron. Como decía Bacon, a la naturaleza se la domina obedeciéndola. Lamentablemente muchos no leyeron esta frase porque están demasiado atareados en justificar topadoras, motosierras y sobrepastoreo, y combatir un buen proyecto de ley para que siga la piedra libre.
En este contexto tan cercano al abismo, donde cualquier persona puede ver el peligro por Internet moviendo las imágenes satelitales y gratuitas de Google Earth, un grupo numeroso y plural de instituciones aceptamos la convocatoria de la Secretaría de Ambiente de la provincia para elaborar un anteproyecto de ley de bosques basado en la ley nacional n° 26.331/2007. El trabajo fue arduo, y las discusiones duras y ríspidas pero respetuosas. Debo subrayar que todos los que participamos aprendimos. Todos tuvimos que resignar algo. Todos aportamos algo. La mayor riqueza de la COTBN fue su pluralidad y su compromiso con la provincia, no con los intereses de cada una de las instituciones que participaba. A diferencia de Cartez, que presentó un proyecto de sector y para un sector –no para la provincia- en la COTBN se trabajó con la realidad, con la opinión de la gente común, con el aporte de los expertos, con el trabajo de campo y sobre todo con sensatez. Ninguno de quienes participamos podría haber hecho esta ley en soledad, ni siquiera desde su institución. Fue una creación colectiva donde la gente de la COTBN fue un feliz accidente histórico.
Por todo esto duele institucional y humanamente que después de meses de trabajo y habiendo presentado el anteproyecto a la Secretaría de Ambiente, su más alto funcionario demorara el envío a la Legislatura durante más de seis meses. En esos seis meses se perdió más bosque nativo y disminuyó sensiblemente nuestra resistencia ambiental. La injustificada demora nos quitó bosques, pero también malgastó tiempo que no teníamos. Que no tenemos.
Pero esto ya no importa, la ley finalmente ingresó a la Legislatura, y la Comisión de Ecología hizo un trabajo magnífico. Quienes me conocen saben que somos muy críticos de los gobiernos, por eso adquiere un significado especial nuestro reconocimiento al trabajo de la Comisión y de la mayoría de los legisladores.
Ahora la opción es simple. O se opta por la versión mejorada del proyecto original de la COTBN, que favorece el desarrollo sustentable de la provincia, o se opta por un proyecto apresurado, hecho sin participación popular y que beneficia a unos pocos.
El proyecto de la COTBN no es una iniciativa de ambientalistas ni de ecologistas ni de verdes. Tampoco es el dislate de unos investigadores autoritarios que solo quieren bosques sin gente. Es exactamente lo contrario. Es lo más solvente y consensuado que pudimos generar desde sectores tan distintos como Federación Agraria, INTA, Parques Nacionales, el Instituto Nacional contra la Discriminación, el Movimiento Campesino, las universidades, organismos públicos y ONGs, entre otros.
Está claro que una buena ley inquieta a los más codiciosos, y a los políticos de turno y empresarios que los acompañan en su codicia. Pero el mejor seguro de que la ley de la COTBN es buena es que no fue el producto de una persona o de una entidad sino de un esfuerzo colectivo, algo que ningún otro proyecto presenta. Hubo errores luego subsanados en la Comisión de Ecología, pero aún esos errores fueron menos graves que los errores de proyectos armados entre pocos.
El proyecto de ley de la COTBN fue visto por muchos ojos, pasó por muchas manos, viajó a los lugares más agrestes y solitarios de la provincia, se expuso en ciudades grandes y pequeñas, fue sometido a la crítica de los expertos, de los productores, de los criadores de cabras, de los campesinos, de los ciudadanos. Porque esta defensa que hago –que hacemos todos los miembros de la COTBN, las instituciones de Córdoba, los legisladores, los niños de rostro preocupado, los adolescentes con sus remeras y sus bombos, los adultos hartos de corrupción ambiental y desmontes, los jubilados con sus nietos en brazos- no es una defensa autoritaria ni hegemónica. Definitivamente no. Defendemos un proyecto que, por el contrario, resume los aportes generosos de la gente, de los productores, de todas las instituciones que participaron, de los investigadores universitarios y de los legisladores que la enriquecieron.
Porque es necesario decirlo con mucha claridad: la Comisión de Ecología, los legisladores que participaron y sus asesoren mejoraron la ley de la COTBN.
Aunque muchos conocen seguramente las características del proyecto de ley de ordenamiento de bosques nativos es útil repasarlas.
Primero, su parte descriptiva de ambientes –las zonas rojas, amarillas y verdes- fue elaborada por profesionales nacional e internacionalmente reconocidos de nuestras universidades públicas (UN Córdoba, UN Villa María, UN Río Cuarto). Todos ellos siguieron los lineamientos técnicos y definiciones logrados en la COTBN. Años de trabajo previo con imágenes satelitales y apoyatura de campo garantizaron la más alta calidad de la información volcada en los mapas.
Segundo, la integración diversa y multisectorial de la COTBN tiene pocos antecedentes: Universidades, Federación Agraria, Movimientos Campesinos, INTA, Parques Nacionales, ONGs (entre ellas FUNAM, CEDHA, APROAS y muchas otras), INADI, organismos provinciales (como la Secretaría de Turismo y la Secretaría de Ambiente), Y la lista sigue. El anteproyecto de ley fue elaborado por este mosaico de instituciones que representan a los distintos sectores de la realidad territorial. Solamente Sociedad Rural y CARTEZ se negaron a participar desde el comienzo. CARTEZ apareció muchos meses después de terminado el proyecto de la COTBN con un proyecto propio elaborado por técnicos que trabajaron sin contacto con los distintos actores sociales, y que se terminó en un tiempo récord.
No olvidemos como surgió la vetusta Ley Provincial n° 9219/2005 que prohibió los desmontes totales y posibilitó, descaradamente, los desmontes parciales. Fue impulsada por el entonces presidente de la Agencia Córdoba Ambiente, Sergio Nirich, quien acordó su contenido con Cartez, Coninagro y las sociedades rurales de Jesús María, Deán Funes, Cruz del Eje y Villa Dolores. No se consultó a las Universidades, ni a las ONGs ni a los campesinos. Aún recuerdo nuestros infructuosos intentos por detenerla a fines del año 2004. Los desmontes ocurridos entre 2005 y 2010 son hijos de esa ley, y de quienes hoy –nuevamente- rechazan el debate y presentan su propio proyecto.
Tercero, y esto es fundamental, la COTBN desplegó siete consultas en distintas regiones de la provincia para mostrar los mapas y la información, recabar datos, corregir errores y reflejar el punto de vista de la gente que vive con el monte. Pocas leyes tienen este prólogo participativo.
Finalmente la propuesta de anteproyecto, fruto de todas estas consultas, se sometió a una Audiencia Pública final en la Ciudad de Las Artes. Al llamado concurrieron más de 1.000 personas. Esta presencia fue tan masiva, que muchas de ellas debieron seguir las deliberaciones fuera del salón de actos. En esa Audiencia, donde el trabajo de la COTBN fue estupendamente resumido por Alicia Barchuk y Horacio Britos me tocó presentar públicamente el articulado del anteproyecto. Finalmente el producto de éste amplio, inédito y federal proceso de consulta se presentó a la Secretaría de Ambiente del gobierno de Córdoba. La misma que demoró más de seis meses en girarla a la Legislatura. La misma que esperó el proyecto de CARTEZ. La misma que envió luego ambos proyectos.
Seguramente algunos acordarán o disentirán con lo que he escrito, pues no me caracterizo precisamente por la capacidad diplomática. Pero tengo décadas de defensa del ambiente, y he aprendido que no hace falta ser verdulero para saber que una fruta está podrida. Lo mismo ocurre con el ambiente. No hace falta ser biólogo ni funcionario para advertir que estamos al borde del abismo. Por eso la ley es urgente y necesaria. Ya casi no tenemos bosques, y tampoco tenemos tiempo.
Por eso creemos que vuestra sensibilidad y vuestros votos serán históricos. Estamos jugando con la vida de quienes todavía no nacieron.
Seguramente el siguiente capítulo será tener una Secretaría de Ambiente “en serio” para aplicar esta buena ley que la mayoría de ustedes votará. Pero nuestra prioridad, hoy, es parir una ley que nos aleje del abismo.
Desde FUNAM y varias organizaciones colegas decidimos que un hecho histórico debía ser seguido con rigor histórico, y con propuestas que permitieran guardar para las futuras generaciones lo que sucederá en los debates y en la votación final.
Por eso habilitamos el blog “cordobasindesmontes.blogspot.com”. Allí están los nombres de todos los legisladores (les pediríamos que revisen si su nombre está colocado correctamente). Después de la votación final indicaremos cómo votó cada uno, a favor o en contra. Queremos que el voto por los bosques, la vida y la gente se destaque.
También tenemos intención de construir un monumento recordatorio donde queden grabados en bronce, para las futuras generaciones, los nombres de quienes votaron por la vida, los bosques y el desarrollo sustentable (el sí a la ley), y de quienes votaron por los intereses de un solo sector, la destrucción del ambiente y el egoísmo (el no a la ley).
Nuevamente gracias por la sensibilidad social y ambiental que seguramente acompañará vuestra decisión de voto.

Cordialmente,
Dr. Prof. Raúl A. Montenegro, Biólogo
Presidente de FUNAM (Fundación para la defensa del ambiente)
Profesor Titular de Biología Evolutiva, Universidad Nacional de Córdoba
Premio Nobel Alternativo 2004 (RLA-Estocolmo, Suecia)
Premio Global 500 de Naciones Unidas 1989 (UNEP, Bruselas, Bélgica)
Premio por un Futuro Libre de Nuclear 1998 (Salzburgo, Austria)
Premio a la Investigación Científica (Universidad de Buenos Aires, Argentina).

(El Diario de Curuzu)


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