Gloria, la joven que decidió olvidarse del mundo

Escrito por rodrigo   // junio 21, 2010   // 0 Comentarios

Una mujer de Villa Dolores se consagró como monja de clausura en un monasterio puntano. Una vida de encierro dedicada a la oración.

Villa Dolores. “Mucho gusto, yo soy el padre de la novia” dice el hombre de 52 años, sonriente y de impecable traje negro. “Hoy mi hija se casa con Cristo”, añade Guillermo López, un constructor de Villa Dolores que vive en la ciudad de Merlo. Su hija Gloria, de 28, confirma por cinco años sus votos de pobreza, obediencia y castidad como monja de clausura.

En la imponente ladera oeste de las sierras, el sitio es de pocas palabras -casi nadie habla- pero ostenta un largo nombre: Monasterio de Belén y de la Asunción de la Virgen y San Bruno. Una veintena de monjas viven allí en un encierro voluntario casi total. No tienen contacto con gente de afuera, ni acceso a teléfono, radio, televisión o Internet. Sólo pueden recibir correspondencia de manera controlada. Sólo se les permite salir en ocasión de la muerte de un familiar directo.

A la bienvenida le sigue una ceremonia religiosa de más de tres horas con imágenes y sonidos de connotaciones medievales: monjas con hábitos antiguos aisladas en compartimientos y alejadas de los asistentes, una novicia que es objeto de un corte de cabello y una “vestición”, reverencias físicas ante la jerarquía eclesiástica, cánticos prolongados en español o latín.

La misa es presidida por el obispo de San Luis, Jorge Luis Lona, y en ella Gloriamén (el nuevo nombre de la joven) hace su “profesión temporal”. Por cinco años renueva los votos que ya hizo hace ocho, cuando tenía 20. Pero en adelante, su familia sólo podrá visitarla una vez por año dentro del convento. Ella no saldrá más del predio, poblado de carteles que recomiendan silencio. Sólo lo hará si es trasladada a otro monasterio de la congregación o si renuncia, situación muy poco frecuente. El día, absolutamente extraordinario para las monjas, sigue en un recinto del convento, con una fiesta que se parece a un cumpleaños, sin baile. Sólo un puñado de religiosas la comparte.

Silencio y soledad. El convento pertenece a una congregación francesa que en América tiene casas similares en Chile y Canadá. En la zona de Merlo, en San Luis pero el límite con Córdoba, el convento de clausura se encuentra en lo alto de la montaña. Cada monja pasa la mayor parte de su vida en una ermita. Guillermo explica: “Ermita viene de ermitaño, es una pieza de dos metros por cuatro, con su propio baño, ahí ellas tienen sus pocas cosas, oran y hacen artesanías”. La congregación tiene, en otro predio, un punto de venta de piezas artesanales con motivos religiosos hechas en piedras como dolomita y marfilina.

El día a día. La jornada comienza a las 3 de la madrugada con los primeros rezos. Al amanecer y al atardecer se reúnen para oraciones conjuntas, y para la misa diaria. Para cada una de ellas, el día transcurre dentro de la ermita orando o trabajando. “Ellas estudian todo el tiempo la Biblia y teología” explica Graciela, la mamá de Gloria, que ahora es Gloriamén.

El imponente paisaje que rodea los claustros sólo puede ser disfrutado por las monjas en la tradicional caminata de los domingos, cuando “bajan” hasta un santuario previsto para misas que puede incluir a las monjas y también a particulares que llegan a la ceremonia. Pero el templo está dividido por dos mitades sin contacto.

Cada domingo, en la misa de 8, Guillermo y Graciela pueden ver de lejos a su hija, pero les está vedado acercarse o hablar con ella.

“Sin dudas que en lo humano cuesta, pero nosotros estamos felices porque ella está feliz con su elección, creemos que Dios nos preparó a todos para esta misión, y estamos contentos con esta gracia” dice Graciela.

La pobreza prometida incluye el desprendimiento: “Si le regalo un par de zapatillas, puede que no sea para ella, sino para otra hermana que lo necesita más, y cuando las trasladan van sólo con lo puesto” cuenta Guillermo.

El sol cae y para las religiosas termina el día con otra oración: “la Víspera”. Afuera, el mundo se fascina y aturde con un torneo en Sudáfrica, algo que adentro es un misterio desconocido.

(La Voz del Interior)
(FOTO: La Voz del Interior)


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